En 1961, John F. Kennedy marcó su toma de posesión quitándose el sombrero, un gesto simbólico en su discurso inaugural. Décadas después, Melania Trump hizo una declaración diferente al mantener el sombrero puesto. Aunque no es raro que las primeras damas usen sombreros en este tipo de eventos —Mamie Eisenhower, Nancy Reagan y Jackie Kennedy lo hicieron—, eran modelos tradicionales como el pillbox, diseñados especialmente para no ocultar el rostro. En cambio, el sombrero de ala ancha que Melania lució en la ceremonia cubría parcialmente sus ojos, proyectando una imagen de misterio y reserva.

 

 

Combinado con su abrigo abotonado y una blusa de cuello alto, el look destacaba por su aire de inaccesibilidad, algo poco común en una ocasión destinada a presentar a la primera familia como la nueva cara de la nación. Sin embargo, este estilo encaja con la actitud reservada que Melania ha mostrado desde la irrupción de Donald Trump en la política. Su decisión de no quitarse el sombrero ni el abrigo dentro de la Rotonda del Capitolio, ni siquiera mientras su esposo juraba el cargo, reforzó esta percepción.

 

 

El atuendo también contrastó con el estilo que Melania eligió para la primera toma de posesión de su marido, cuando optó por un conjunto azul pastel de Ralph Lauren sin sombrero, evocando el estilo clásico de Jackie Kennedy. En aquel momento, su vestimenta parecía mostrar un intento de alinearse con la tradición de las primeras damas y las costumbres de Washington. Esta vez, el mensaje fue claramente diferente.

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